21.05.2020
Salud mental y cómo mantenerla
Según la definición de la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado de bienestar en el cual una persona puede realizar su propio potencial, hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y fructífera, y contribuir a la vida de su comunidad.
La salud mental depende en gran medida de la propia persona: su adecuada relación consigo misma, su capacidad de interactuar con la realidad, cómo gestiona sus emociones y puede ayudarse a sí misma en situaciones estresantes.
La psicóloga Natalia Vovk, directora del Centro de Tomalogía – autoconocimiento y desarrollo, explicó especialmente para VITAGURU cómo mantener la salud mental.
“Veamos la realidad de nuestro tiempo: el mundo ha cambiado y seguirá cambiando, el rápido envejecimiento del conocimiento, el aumento del volumen de información, la compresión del tiempo en la que hay que hacer más, pero con recursos limitados, interactuar con personas de diferentes ‘generaciones’ (teoría generacional). Y debemos lidiar con esto.
Por lo tanto, la cuestión urgente de nuestro tiempo, además de la eficacia y el éxito, es el concepto de salud mental”, dice Natalia Vovk
.
Según la psicóloga, para afrontar el ritmo de vida cada vez más acelerado, debemos aprender a relacionarnos con nosotros mismos.
Una actitud positiva hacia uno mismo y una percepción correcta de la realidad son algunos de los principales signos de salud mental.
“La interacción correcta con nosotros mismos comienza con una percepción adecuada de uno mismo, cuando entendemos claramente lo que sucede en la realidad, más allá de nuestra evaluación subjetiva, sin horrorizarnos por nuestras imperfecciones ni colocarnos en un pedestal de vanidad.
A lo largo de la vida, aprendemos el modelo de evaluarnos a nosotros mismos en categorías de ‘soy malo / soy bueno’, y de forma involuntaria, hagamos lo que hagamos o digamos, incluso sin ser conscientes, se activa dentro de nosotros un proceso automático que determina si estamos satisfechos o no con nosotros mismos. Si estamos satisfechos, estamos de buen humor, interactuamos fácilmente con los demás, obtenemos mejores resultados en el trabajo. Pero si estamos insatisfechos, nuestra energía se dirige a resolver conflictos internos y corregirnos, con la esperanza de no volver a experimentar emociones negativas por nuestras imperfecciones o fracasos. Pero, como demuestra la práctica, este tipo de interacción interna no es muy productiva: solo gastamos energía sin garantía de que no vuelva a suceder en el futuro”, explica Natalia.
La adaptación al entorno y las relaciones con los demás, el autoanálisis y la autorrealización también son muy importantes.
La psicóloga enfatiza que cuando nos comprendemos a nosotros mismos, comenzamos a comprender a los demás, y se vuelve más fácil interactuar con ellos.
“En las relaciones con otras personas, es natural que ‘decidamos por el otro’, es decir, creemos saber por qué actuó de cierta manera, evaluándolo según nuestro propio sistema de valores y limitaciones. Esto puede llevar a malentendidos o, en el peor de los casos, a conflictos o rupturas.
Si no entendemos, podemos preguntar; si algo nos molesta, podemos decirlo, expresando nuestra comprensión y nuestros límites. Cuando explicamos al otro por qué hicimos lo que hicimos, cómo nos sentimos al hacerlo, algo se vuelve más claro para el otro sobre nosotros, y ellos a su vez pueden abrirse y decir cómo vivieron o percibieron la situación. Y, con el tiempo, puede que descubramos que aquellas personas con las que antes nos sentíamos incómodos se vuelven mágicamente interesantes, se amplía nuestra capacidad de expresión y hablamos con mayor libertad”, dice Natalia.
Un criterio importante para la salud mental es también la resistencia al estrés.
Una de las fuentes de estrés es el trabajo, como parte integral de nuestras vidas. En el trabajo pasamos más tiempo que en casa, con la familia. El equipo de trabajo es la segunda familia.
“Por supuesto, el trabajo es una fuente de estrés: tareas, plazos, responsabilidades, comunicaciones. Al hablar de profesionalismo, este concepto abarca un todo complejo: alcanzar objetivos con un uso óptimo de recursos materiales, físicos, emocionales y mentales.
Es necesario aprender a planificar el tiempo, distribuir la carga, gestionar el desgaste de los recursos de tiempo y energía, y no cargar nuestras acciones con conflictos personales.
Por ejemplo, cuando recibimos una tarea, sabemos que hay que evaluarla según su importancia y urgencia. Pero añadimos muchos otros criterios: quiero o no quiero hacerlo; interesante o aburrido; difícil, poco claro, la tarea fue mal asignada, etc. Esto afecta nuestra voluntad de realizarla: podemos empezar a evitarla, postergarla, olvidarla, acumulando tareas no resueltas, lo cual afectará nuestra autoestima, confianza en nosotros mismos y puede generar estrés y fatiga”, dice la psicóloga.
Otro indicador de la salud mental es la capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias, realizando los cambios necesarios dentro y fuera de uno mismo.
El cambio es un reto para el desarrollo y el crecimiento personal.
La psicóloga también destaca la importancia de la higiene psicológica personal. Es necesario aprender a ser conscientes de nuestros estados emocionales, a vivirlos, desarrollando nuestro potencial.
“Vivimos en una era de cambios constantes, y debemos mantener el ritmo. Cuanto antes reconozcamos los cambios, antes aprenderemos a interactuar con ellos, adquiriendo nuevos conocimientos, habilidades y cualidades necesarias.
El cambio es un reto para el crecimiento. Todo cambio comienza por uno mismo. Ha llegado el momento de dejar de ignorar las leyes del funcionamiento de nuestra subjetividad interna, ya que esto afecta todas las áreas de nuestra vida.
Lo que nos rodea externamente es un reflejo de nuestra percepción subjetiva interna de nosotros mismos y del mundo. Si vivimos en armonía con nosotros mismos, no tendremos problemas con nuestro entorno ni en el trabajo. Pero si hay una guerra civil dentro de nosotros, el mundo nos parecerá amenazante. Por lo tanto, debemos empezar a prestarnos atención, ser conscientes de nuestros estados emocionales, atravesarlos, y dar espacio al desarrollo de nuestro potencial. Esto es higiene psicológica personal”, concluye Natalia Vovk.
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